ICTUS. Señales de alerta

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Lo definimos como una alteración en la irrigación sanguínea cerebral, que produce una lesión focal en el cerebro, y puede ser transitorio -AIT- (si el aporte sanguíneo se restablece de forma natural) o definitivo (si esto no ocurre).

Una persona que experimenta súbitamente:

  • Disminución de la conciencia.
  • Pérdida de fuerza o parálisis de una extremidad o un hemicuerpo.
  • Pérdida del habla.

Probablemente está sufriendo un Accidente CerebroVascular o ACV o ictus. 

A modo general, podemos clasificar los ACV’s en DOS CATEGORÍAS:

ISQUÉMICOS: Se produce un descenso o interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro. La consecuencia es una reducción del aporte sanguíneo y glucosa en el área cerebral afectada, lo que provoca una zona de infarto. Existen dos mecanismos por los que puede ocurrir un ACV isquémico: por trombosis (obstrucción de la circulación por la creación de placas arterioscleróticas en las paredes arteriales) o por embolia (oclusión de un vaso sanguíneo a causa de un émbolo o coágulo originado en otro punto del sistema vascular).

Estadísticamente, la hipertensión representa el primer factor de riesgo para las trombosis, mientras que las enfermedades cardíacas lo son para las embolias cerebrales.

Los Ataques Isquémicos Transitorios (AIT) hacen referencia a episodios temporales de obstrucción de un vaso sanguíneo durante un tiempo breve, generalmente inferior a 24 horas, aunque en la mayoría de los casos la duración es de minutos y los síntomas desaparecen en menos de una hora. Muchos de estos pacientes padecen algún grado de déficit cognitivo que pasa desapercibido en las exploraciones neurológicas generales, pero se manifiesta en los resultados de evaluaciones neuropsicológicos, o bien lo informan los familiares.

HEMORRÁGICOS: En estos casos se produce una extravasación sanguínea o bien dentro del parénquima cerebral, o bien entre éste y las capas meníngeas, provocando un desplazamiento de las estructuras cerebrales. En el pirmer caso, el vertido sanguíneo se produce en el interior del cerebro y, en el segundo, se produce en el espacio que hay entre la piamadre y la aracnoides (hemorragia subaracnoidea). Generalmente, los ACV’s hemorrágicos se deben  a la ruptura de un aneurisma (dilatación o abombamiento en las paredes de un vaso sanguíneo debido a defectos en la elasticidad de las mismas). Otra de las causas más frecuentes es la hipertensión arterial. En este caso la hemorragia está relacionada con la disminución en la resistencia de las paredes arteriales.

En los ACV’s embólicos el comienzo es súbito y el déficit neurológico alcanza su máxima manifestación rápidamente. En los ACV’s trombóticos y hemorrágicos el déficit puede desarrollarse durante minutos, incluso horas. Estos déficits reflejan el lugar y tamaño de la lesión.

Las manifestaciones cognitivas que pueden aparecer tras un ICTUS son muy variadas, ya que dependen del territorio vascular afectado, es decir, dependiendo de en qué lugar de nuestro territorio vascular cerebral (arteria cerebral anterior, media o posterior; o sus ramificaciones) se encuentre la zona infartada, las consecuencias neuropsicológicas serán unas u otras. La gravedad y pronóstico de recuperación de las secuelas también dependen de éste y otros factores, como la edad y la extensión del daño, etc.

Algunos factores de riesgo para sufrir un ICTUS son la hipertensión, diabetes, enfermedades coronarias, tabaquismo y, en general, los hábitos de vida no saludables.

Recordad que es necesario llevar una alimentación equilibrada y evitar hábitos nocivos, así como hacer ejercicio regularmente. Los hábitos de vida saludables te ayudarán a protegerte de la aparición de factores de riesgo que aumentan la probabilidad de ACV’s.

Aquí podéis ver un vídeo explicativo sobre ictus de la Fundación Pita López: